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Pese a la temeridad de escribir...

Mentalmente he escrito docenas de páginas que explican de manera traslúcida, cómo se siente, cuando en suerte se nos da -por un exceso de bilis negra, según los antiguos- tener un temperamento melancólico. El asunto es que una vez tomo lápiz y papel, el taedium vitae se transforma en un inquilino más del espacio de lo inefable, y aquellas experiencias descritas en mi mente, con el tono preciso de la primera persona, se resisten a salir y se quedan allí: en lo profundo de mi mente.  Tras una larga pausa, medito las causas: ¿tal vez soy yo quién se resiste a sacarlas a la luz, pues me atemoriza que mis pensamientos y emociones se me revelen en la palabra con todo su horror? Así que armada de coraje, me propuse vencer a la temeridad de escribir y me he sentenciado: malo, bueno o mediocre, de hoy en adelante escribiré. Ya he leído hasta el cansancio las cavilaciones más perspicaces de quienes han invertido todas sus fuerzas para iluminar esa extraña condición de quienes sentimos ese t...